Elena Setién y Ane Leux: «El barómetro de la música es la emoción»

  • Elena Setién y Ane Leux: «El barómetro de la música es la emoción»

  • Fecha27 de Marzo
  • Temática Música

Las compositoras y cantantes donostiarras Elena Setién (1977) y Ane Leux (1983) han regresado a su ciudad tras vivir lejos de ella 19 y 15 años, respectivamente

“Dinamarca y su estética musical me han abierto los ojos a un ámbito sonoro diferente” “Trabajar con músicos de Colombia ha dado a las canciones un sentido rítmico distinto al mío”

Donostia - Creadora de un personalísimo pop de ensueño, Setién llegó hace año y medio a Donostia tras casi dos décadas afincada en Londres y Dinamarca. Leux abandonó Bogotá hace unos meses con la “excusa” de haber sido seleccionada por el circuito Kutxa Kultur, que le ha dado visibilidad y le ha permitido mostrar su rock eléctrico con una pizca de “saborcito”. Ambas han tenido el buen ojo de rodearse de los mejores músicos de la escena local para empezar casi de cero en su ciudad, donde nunca habían actuado y sus respectivos discos Dreaming of Earthly Things (2016) y Sense (2017) han tenido una increíble acogida. No se conocían pero antes de encender la grabadora, la química entre ambas es más que evidente.

Comencemos por el principio. ¿Cómo fue su primer contacto con la música?

Elena Setién. Muy natural porque mi padre tocaba el piano y mi madre es profesora de guitarra. Elegí el violín y el piano, y con 18 años me fui a estudiar música a Londres. Dejé la clásica y, ya en Dinamarca, me metí con la improvisación hasta llegar a lo que me gusta: escribir canciones con una apertura sonora. Mi curiosidad musical es un poco híbrida y ecléctica.

Ane Leux. En mi casa no había músicos pero mi madre era muy melómana, se pasaba todo el día cantando y yo estaba obsesionada por las voces femeninas: Ella Fitzgerald, Billie Holiday... Empecé a tocar la guitarra por mi cuenta y luego estudié Periodismo en Madrid. Allí estuve seis años y tras pasar 16 meses en Dinamarca y Venezuela, a donde fui con una beca, llegué a Colombia. A los 25 años comencé a cantar en coros de Bogotá, piezas de Bach, Haendel y demás... Hasta que me metí en un ensamble de exploración vocal: hacíamos obras de Palestrina, Meredith Monk, John Cage… Cosas muy locas.

E.S. ¡Me encanta! ¿Por qué no hacemos algo parecido aquí con el Coro Easo? Doy clases de canto moderno allí y están muy interesados en la experimentación. Nosotras podríamos hacer de instructoras...

A.L. (Risas) Bueno, yo querría participar como integrante, pero todo es estudiarlo...

E.S. Sí, sí, ya hablaremos. Por cierto, ¿a qué altura está Bogotá?

A.L. A 1.800 metros sobre el nivel del mar. En casa tenía hojas de coca, que venían muy bien para el malestar que provoca la altitud y también para otros dolores… La ciudad me encantó. No hay estaciones, hay música por todas partes, estuve bailando salsa como loca muchos años... Colombia es un país muy interesante.

E.S. Me vienen a la cabeza los chamanes...

A.L. En Colombia al chamán se le llama taita, que me recuerda a aita. También suele haber mujeres de países como México que dan charlas relacionadas con la espiritualidad. Decían una cosa muy curiosa, que los aplausos dispersan la energía, que no es bueno aplaudir. Ellos dicen “ajó” como signo de aprobación o hacer ver que algo les ha gustado.  

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