El etnógrafo Javi Castro descubre y cataloga 22 canteras moleras en Orozko
- Fecha6 de Febrero
- Temática Patrimonio
El municipio vizcaino es, tras el alavés de Zuia, el lugar de Europa donde más se han hallado vestigios de este oficio
En el siglo IX aparecen las primeras referencias de molinos de agua en tierras alavesas. Su presencia se extiende después a Bizkaia y Gipuzkoa y su expansión se multiplica durante el siglo XVII, con la introducción del cultivo del maíz.
Una de las zonas donde proliferaron este tipo de ingenios fue el ámbito de lo que hoy en día es el Parque Natural de Gorbeia, donde se convirtieron en una de las principales fuentes de riqueza y trabajo de los habitantes de sus pueblos gracias a la fuerza del agua de sus ríos y arroyos.
De manera paralela a esta actividad, surgió el oficio del cantero molero, persona que trabajaba y cincelaba circularmente grandes piedras de arenisca para fabricar ruedas de molino que podían alcanzar los 900 kilos de peso. Las extraían de canteras situadas en cotas que incluso superaban los mil metros de altitud para después bajarlas a los valles donde se encontraban ubicados los molinos. Los primeros tramos del arduo trayecto lo realizaban con unos singulares trineos de madera sin ruedas. Una vez alcanzado algún camino, cargaban las muelas de molino en carros tirados por caballos percherones o mulas.
Este antiguo pero desconocido oficio se está empezando a poner en valor gracias a la investigación dirigida por el guipuzcoano Javi Castro -miembro del Departamento de Etnografía de la Sociedad Aranzadi- a través del proyecto Errotarri que, desde 2007, se está centrando en el ámbito que ocupa el Parque Natural de Gorbeia al que también pertenece el municipio de Orozko.


