Entrevista a Idoia Zabaleta, directora artística del espacio de creación Azala
Como encargada de AZALA, Idoia Zabaleta ha hablado con Kulturklik sobre las actividades de este espacio de creación.
¿Qué es AZALA? ¿Cuál es el significado de este nombre?
AZALA es un espacio de creación que ofrece residencias artísticas y un programa de formación continua para personas creadoras locales e internacionales. Los ejes de AZALA son la experimentación, la investigación, la hibridación y la contaminación entre los lenguajes artísticos, la cooperación, la multiculturalidad y el carácter de punto de encuentro entre artistas. La palabra AZALA significa «piel», en euskera.
¿Qué ofrece a las personas creadoras?
AZALA ofrece a las personas creadoras las condiciones espaciales y temporales y los recursos adecuados necesarios para la experimentación. Asimismo, los artistas residentes tienen la posibilidad de participar en el programa de formación continua gestionado por AZALA. Además, el equipo de AZALA ofrece asesoramiento artístico y ayuda en los procesos que sea necesario. Ese asesoramiento puede darse durante el mismo proceso o en las exposiciones públicas o sesiones de PUERTAS ABIERTAS que organizamos al final de las residencias. Los componentes del equipo de trabajo de AZALA participamos de forma muy activa y dedicando una atención especial en esas sesiones.
¿Cómo se gestiona este espacio?
Mediante subvenciones y fuentes económicas propias. Somos un equipo pequeño. Podríamos decir que hacemos mucho con pocos recursos económicos. Como en los buenos poemas y en las buenas cosechas.
¿Cuáles han sido los resultados obtenidos por el programa de residencias para artistas? ¿Cuál suele ser su duración?
Hablamos de procesos en los que es difícil decir cuál es el principio y cuál el final, por lo tanto, no es fácil hablar sobre los resultados de las residencias. Desde el punto de vista de AZALA, podemos decir que los resultados son muy buenos, porque en cada residencia se cumplen nuestros objetivos: ofrecer un tiempo y un espacio de calidad para desarrollar el trabajo en las mejores condiciones posibles. Desde el punto de vista de los artistas que participan en la residencia, también podemos hablar de buenos resultados. Podemos decir, casi sin excepción, que para los procesos de los artistas que participan en Azala es una fase enriquecedora y productiva. En los casos en los que el proceso es más abierto, solemos seguir en contacto con estos artistas, alargando en el tiempo el seguimiento de su trabajo. Los programas de residencia suelen tener una duración de entre una semana y un mes. Uno de nuestros objetivos a futuro es ofrecer residencias más largas, para poder profundizar más en los procesos artísticos.
Otras actividades son los «Talleres», los «Laboratorios» y los «Seminarios». ¿Qué diferencia hay entre ellos? ¿Qué tipo de respuesta están obteniendo?
Las tres están dentro del programa de formación de AZALA. Solemos invitar a personas expertas y con experiencia tanto a los talleres, como a los seminarios y los laboratorios, para que guíen las actividades. Normalmente, antes de venir a Azala, nos ponemos en contacto con esas personas y realizamos sesiones de trabajo, para preparar cuidadosamente y con tiempo la experiencia que van a guiar. Para los talleres solemos analizar con mucha atención los materiales y la manera de trabajar. También lo hacemos así en el caso de los laboratorios, pero la característica que diferencia a estos últimos es el nivel de experimentación. Los laboratorios son más experimentales que los talleres, más «salvajes». Los seminarios suelen ser más teóricos, pero también tratamos de combinarlos con aspectos más prácticos.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas de estar en un entorno rural, fuera de la ciudad?
La ventaja principal es la dimensión del espacio y el tiempo. Más tranquila, más pacífica. Aquí tenemos todos los avances tecnológicos, al igual que en la ciudad, y en caso de necesidad, se puede dar la vuelta a ese ambiente pacífico que te ofrece la naturaleza. El espacio rural te da más opciones. La ciudad no. Una desventaja, en caso de haberla, podría ser la distancia. Pero eso también puede ser un punto a favor. Las personas que vienen a Azala realmente quieren estar aquí.
¿Cómo mantiene Azala su relación con otras experiencias del ámbito de la creación de Euskal Herria?
En Azala trabajamos por contactos. Somos personas muy conectadas al mundo de la cultura y el arte, tenemos relación con mucha gente y viajamos mucho. En Azala conviven de forma muy natural los artistas locales y los internacionales.
¿Qué rumbo tomará este proyecto en un futuro?
Como hemos dicho, nuestro objetivo es acoger menos residencias, pero de más larga duración. Para poder hacerles un seguimiento más estrecho, entre otras cosas. También queremos promocionar una relación más profunda entre los artistas. En el momento llega a serlo, pero queremos que eso se estabilice y se mantenga en el tiempo. Además, queremos darle un horizonte más amplio al programa de formación continua, con vistas a más largo plazo. Y por último, queremos diseñar otros formatos para los programas de artes vivas como el llamado Proklama, que tenemos con el museo Artium. Proklama celebrará su 11ª edición en 2017, y aunque hayamos cumplido los objetivos que teníamos, queremos profundizar más.


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