Paloma Mata Codesal: Nunca me han llamado árbitra

Paloma Mata Codesal: Nunca me han llamado árbitra

Paloma Mata Codesal: Nunca me han llamado árbitra

autoría: admin, 

Se metió en el arbitraje a los 21 años tras realizar un cursillo en Bilbao y pronto descubrió que daba igual lo que pitara porque nunca iba a estar bien pitado. La mayoría de las veces, por ser mujer. Siempre tuvo claro que no quería moverse en categorías donde el fútbol deja de ser deporte para convertirse en negocio pero confiesa que si hubiera querido ascender le habría sido imposible, tal y como está concebido el sistema. Lo cierto es que a ella nunca la han llamado "árbitra" y esto le sirvió de inspiración para el título de su trabajo galardonado con el Premio Isabel Torres de Investigaciones en Estudios de las Mujeres y de Género que otorgan la Universidad de Cantabria y la Dirección General de la Mujer de esta Comunidad Autónoma. El año pasado se despidió del arbitraje y ahora apoya a cualquier mujer que decida abrirse camino en este mundo tan masculinizado.

Educadora social y mediadora, durante las seis temporadas que ejerció como árbitra de fútbol en Bilbao y Cantabria, intentó aplicar técnicas de mediadora en el campo y pudo  ser más flexible con los chavales y chavalas gracias a arbitrar en las categorías más bajas del fútbol. Llegó a pitar hasta la categoría de cadetes y como asistente, en regional preferente. "Siempre he arbitrado en el fútbol base porque es lo que me gusta. Estoy muy en contra de que el deporte pase a ser negocio, y en ciertos niveles, el fútbol lo es".

En las categorías en las que usted ha arbitrado ¿se cuestiona la autoridad de una árbitra?

Por parte de los jugadores, no tanto, pero sí he sentido la presión de entrenadores, delegados, directivos y de las propias gradas. Vienen intentando comerte la oreja, y ya sabes lo que tienes que hacer: que no te tiemble la mano. Me han llegado a decir de todo menos guapa. Tener que escuchar "qué haces ahí, vete a fregar", te duele. Y más si lo dice alguna espectadora, como me ha ocurrido. Muchas veces me planteaba: me he levantado a las 7 de la mañana para pitar a las 9, chupando frío, agua y barro; me pagan entre 10 y 12 euros por un partido de alevines ¿y encima tengo que aguantar la gracia que me estás soltando?.

Yo llegaba a los campos sabiendo que daba igual lo que pitara porque nunca iba a estar bien pitado. Es gente que cree que se sabe el reglamento pero igual nunca se lo ha leído, y a veces tienen comportamientos alucinantes. Algunos compañeros me han comentado que a medida que vas ascendiendo, la presión es menor. Cuanto más vas subiendo, te van tratando mejor los delegados, entrenadores y jugadores. En las gradas ya sabemos lo que hay: piensan que por ser mujer eres mala. Y la discriminación también se aprecia en los insultos. A ellas se los dicen con más desprecio, son más dañinos que los que puedan dirigir a los árbitros.

Con el título de su estudio, "Árbitra no me ha llamado nadie", está reivindicando la presencia de las mujeres en el arbitraje de fútbol. ¿Cuesta introducir el femenino en ese vocablo y en esa actividad deportiva?.

Mucho. De hecho, hasta a mí se me hacía rara la palabra y para no entrar en polémica  me autodenominaba "colegiada" o decía "soy la persona que arbitro", "vengo a arbitrar", y tengo compañeras que se definen "árbitros". Tardé en darme cuenta de que esta era otra reivindicación. Es lo que tienen las palabras, que cuanto más se usan menos daño hacen al oído. Ahora me parece normal, y dentro de mi círculo ocurre lo mismo. Creo que hay que acostumbrar el oído de las personas a ese femenino, para que suene  totalmente normal. Lo único que tiene de positivo el uso del término en masculino es que yo no me daba por aludida cuando oía "Qué árbitro más malo!". Pensaba: no soy yo.

En Cantabria tienen bastante asumido que hay árbitras y los jugadores de estas categorías en las que yo me movía saben que da lo mismo que sea chico o chica quien arbitre porque hay una consecuencia muy directa: las tarjetas. Si no aprenden porque tú les digas, el 80% aprende a base de sacarles la tarjeta. Yo me enfadaba mucho, porque por deformación profesional, intentaba la mediación, pero ves que lo que cuenta es la tarjeta.

En su investigación se refiere a la falsa objetividad en relación a los ascensos en el arbitraje, de un sistema que no permite a las mujeres subir de categoría.

Los ascensos se deciden por unas pruebas físicas, por conocimiento del reglamento que se verifica en exámenes y por informes realizados por informadores. Y digo "informadores" porque ese colectivo lo integran 185 hombres a nivel estatal, no hay ninguna informadora. A nivel nacional dependen del Comité Técnico de Árbitros y a nivel territorial, de cada comité territorial. Ellos son los encargados de ir a los campos de fútbol para evaluar a la persona que está arbitrando y tienen un peso importante a la hora de decidir quién asciende. Esos informes no te los dejan ver a no ser que lo solicites. ¿Por qué se quedan fuera las mujeres? Para ser informador en estas categorías, a nivel nacional, hace falta haber sido árbitro de primera o segunda división y a día de hoy no hay ninguna mujer. Por lo tanto, es imposible que haya informadoras. A nivel territorial, cada comité territorial pone sus condiciones. A veces te piden haber arbitrado al menos en regional o preferente.

Con respecto a las pruebas físicas que he mencionado, yo me cuestiono si se está exigiendo más de lo que realmente se tiene que pedir. Claro que es mejor correr20 metrosen 15 segundos que en 20, pero para arbitrar ¿son necesarias estas exigencias?. Las mujeres tienen pruebas diferentes para acceder al cuerpo de Bomberos o ala Policía, pero aquí, no. Es un patrón masculino, hecho por hombres para hombres y las mujeres se están incorporando a algo totalmente masculino. Yo espero que este sistema cambie dentro de poco por uno más objetivo que permita el ascenso de las mujeres.

Porque si no, las pocas árbitras que hay ahora lo van a ir dejando, ¿no?

Es lógico que si ellas no ven perspectivas de ascenso se cansen y abandonen. Yo sigo manteniendo contacto con las árbitras y se quejan de que llevan dos años pitando benjamines, que todos sus compañeros chicos suben y ellas no. Hay chavalitas que están pitando, con 15, 16 años, pero que no tienen un referente femenino en las categorías superiores. Rocío Puente es un buen ejemplo: es una árbitra que acude como asistenta de segunda B en equipos masculinos, pelea por hacerse un hueco y creo que podría llegar a primera perfectamente si le dejaran demostrar lo que vale.

En su trabajo galardonado también pone de manifiesto lo masculinizados que están los estamentos del arbitraje de fútbol.

El Comité de árbitros está totalmente jerarquizado: los de abajo no tenemos ni voz ni voto. De hecho, al presidente del Comité de árbitros de Cantabria, por ejemplo, lo elige directamente el presidente del Comité de fútbol. No existen mujeres en cargos importantes, ni como presidentas ni como vicepresidentas. De 377 puestos analizados, 16 lo ocupan mujeres, de los cuales 15 son de secretarias y uno de administrativa. No hay  ninguna mujer en el Comité Técnico de Árbitros a nivel estatal, ni enla Escuela Nacionalde Árbitros. El perfil de los directivos corresponde a un hombre mayor, que lleva muchos años en el cargo, al que le cuesta introducir cambios.

En Cantabria hay 190 personas que arbitran, de ellas 7 son mujeres. En Euskadi, en la temporada 2009-10, había 180, sólo 6 mujeres en la categoría más baja, aspirante a cursillistas, y el número no se incrementa.

Hay otros obstáculos que pueden considerarse menores pero que resultan incómodos para el desarrollo del trabajo de las árbitras.

Sí, las instalaciones de los vestuarios, por ejemplo, que rara vez están preparados para chicas. Yo no digo que tenga que haber uno de chicos y otro de chicas. Simplemente, que el mismo vestuario tenga la zona de las duchas un poco aparte, y que cuando se hagan obras de mejora, se contemplen estos detalles en los vestuarios.

Otro aspecto mejorable es la ropa que usamos, que es horrible. Ya no es por estética, está ocultando que tú eres una mujer. La camisa es hasta cómoda, pero el pantalón no se mantiene en su sitio, está diseñado para la anatomía masculina. Lo mismo ocurre con las medias, que son talla universal pero de hombre, no pensadas para un pie más pequeño. Esa visión androcéntrica está por todos los sitios.

¿Todos estos factores  influyeron en su decisión de abandonar el arbitraje a los 27 años?

El de mayor peso ha sido mi familia. Siento que la tengo que cuidar y el arbitraje me consumía. Hasta el viernes por la noche no sabías qué partidos tenías. Yo he llegado a arbitrar cuatro en un fin de semana. Ese es el motivo fundamental de mi decisión, pero hay otros muchos. Me he cansado de aguantar el machismo de los altos dirigentes. Sabes que algunas cosas no las dicen con mala idea, entiendo la base, pero las formas en que se dicen no me gustan nada. Además, ellos tienen la sartén por el mango: si no están de acuerdo con la manera en la que tú te desenvuelves, no te dan partidos.

Por todo esto, yo ya no peleo en los campos, ahora estoy peleando por visibilizar lo que otras están haciendo en este deporte. Merecen el reconocimiento porque se lo pelean todos los fines de semana y ese esfuerzo tiene que ser visible y servir como referente.

Texto: Carmen Ruiz de Garibay

Fotos: Karlos Corbella