Internet de las Cosas Industrial (IIoT)
La digitalización de los entornos industriales ha puesto de relieve la transformación en el sector industrial. El Internet Industrial de las Cosas (Industrial Internet of Things – IIoT) es una de las consecuencias visibles de la industria 4.0.
La pandemia ha expuesto la problemática de la transformación a un entorno digital de las empresas, no sólo con las fórmulas del teletrabajo, que requiere que los datos con los que trabaja la compañía sean accesibles en todo momento y desde cualquier lugar, sino con máquinas más eficientes e inteligentes capaces de trabajar en una red interconectada.
Cuando hablamos de dispositivos industriales interconectados nos referimos a máquinas inteligentes, que en entornos industriales, están llamadas a cambiar la forma en la que se produce y trabaja. Los dispositivos del internet industrial de las cosas permiten obtener datos muy valiosos sobre la producción, eficiencia e incluso los modos de jerarquizar las diferentes secciones de la empresa.
Es el conjunto de sensores, instrumentos y dispositivos autónomos conectados, a través de Internet, a aplicaciones industriales. Esta red permite recopilar datos, realizar análisis y optimizar la producción, aumentando la eficiencia y reduciendo los costes del proceso de fabricación y prestación de servicios. Las aplicaciones industriales son ecosistemas tecnológicos completos que conectan dispositivos y a estos con las personas que gestionan los procesos en líneas de montaje, logística o distribución a gran escala.
La diferencia con el Internet de las Cosas (IoT) radica en que, mientras ese está enfocado a servicios para los consumidores, IIoT se concentra en aumentar la seguridad y la eficiencia en los centros de producción. Por ejemplo, las soluciones para el consumo se han centrado en aparatos inteligentes para el hogar, desde asistentes virtuales hasta sensores de temperatura o sistemas de seguridad, o para las personas, como los wearables que controlan la salud.
Ahora bien, no todos los sistemas pueden clasificarse como IIoT. En general, se requiere que sean sistemas conectados en red que generen datos para su análisis y produzcan acciones concretas. El funcionamiento de los sistemas de IIoT se basa en una estructura por capas:
- Dispositivos: La parte visible del sistema son los dispositivos (sensores, localizadores GPS, máquinas…
- Red: Por encima está la capa de conectividad, es decir, la red que se establece entre estos dispositivos y los servidores a través del cloud computing o el edge computing.
- Servicios: Son las aplicaciones informáticas que analizan los datos recopilados y los procesan para ofrecer un servicio concreto.
- Contenido: Es la interfaz con el operario humano, que puede ser un ordenador, una tablet o incluso dispositivos como gafas de realidad virtual o realidad aumentada.
Por último, algunas aplicaciones prácticas del IIoT son:
- Uso de vehículos autónomos: A través del transporte de componentes o productos a un almacén. Estos vehículos son capaces de detectar los obstáculos.
- Optimización del rendimiento de las máquinas: Tener máquinas inactivas representa una pérdida de ingresos. Gracias a los sensores y al procesamiento de datos, es posible optimizar el tiempo de utilización de las máquinas dentro de una planta de fabricación.
- Mejora de la logística y distribución: Los productos almacenados incorporan sensores que aportan datos en tiempo real sobre su ubicación e, incluso, sobre su temperatura o las condiciones del entorno.
- Disminución del número de incidentes: Los wearables, como gafas, pulseras o guantes, permiten recoger datos del operario que los lleva —desde su ubicación o proximidad a las máquinas a su pulso, temperatura o tensión— y reducir así la posibilidad de accidentes.