Métodos alternativos para acercar el arte, la historia y la cultura a la sociedad
OCTUBRE 2023Emovere, Mooneki y cARTEm difunden y ponen en valor el patrimonio vasco en la era digital
El patrimonio cultural es parte de los valores de una comunidad. Conforma su identidad y memoria. Puede ejercer de atracción turística desde un punto de vista cultural (24,7 millones de personas han visitado el Museo Guggenheim Bilbao en sus 25 años de vida) y como garante de un rico pasado histórico (el yacimiento de Iruña-Veleia con más de 1.500 años de historia) o ejercer de protector de las tradiciones (en Euskadi hay más de 400 escuelas de danza vasca).
Según la UNESCO, "en un mundo interconectado como el nuestro, el patrimonio cultural es uno de los recursos más potentes que disponemos para transformar las sociedades y renovar las ideas". Pero, ¿cómo se puede fomentar y difundir el patrimonio cultural vasco en la era digital? La respuesta es creatividad, una capacidad transversal que puede ser cultivada en cualquier ámbito o profesión.
-
Un patrimonio atractivo
- "En Euskadi, si algo hay, es patrimonio. Cultural, histórico y artístico. Pero nosotros, que llevamos 25 años en el mundo audiovisual, advertimos en su momento que esa forma de difundirlo estaba un poco anticuada. No estaban incorporadas las nuevas herramientas digitales y vimos que era algo muy interesante para, sobre todo, su preservación", rememora José Ramón 'Jotta' Zubiria, CEO Founder de Emovere, una empresa guipuzcoana orientada a nuevos modelos de digitalización cultural. A través de un software propio, Tacktil, crean digitalizaciones de rutas del patrimonio histórico-artístico y natural con contenido multimedia, para que sean inmersivas y vanguardistas. "El patrimonio de Euskadi tiene tirón. Por una parte, desde el atractivo turístico, gente de fuera que quiere consumir Euskadi de alguna manera, pero también desde dentro. Porque todo lo que nos identifica, lo que llamamos identidad cultural, refuerza nuestro sentido de pertenencia y todo lo nuestro, al final, atrae. Hoy en día, si lo vistes de alguna manera con algo contemporáneo, mucho más actual y más apetecible en cuanto a diseño, pues todavía más tirón", subraya Goizane Martínez, socia fundadora de Mooneki, un estudio de diseño alavés que se dedica a desarrollar proyectos de identidad corporativa, comunicación gráfica, ilustración y muralismo. Más allá de la digitalización o la difusión, en cARTEm apuestan por la reproducción patrimonial. Son una editorial que se dedica, sobre todo, a la realización y edición de facsímiles, una reproducción exacta de un escrito o un dibujo del que generalmente solo existe una unidad o unas pocas y que, por su valor, no pueden estar en manos de particulares. Para ejecutar su trabajo hibridan técnicas del siglo XV con tecnología actual. "La idea del facsímil es democratizar ese patrimonio", explica Pedro Iribarnegaray, gerente y administrador de Ediciones de Arte y Bibliofilia (cARTEm). "En la exposición de un libro, - por ejemplo, uno de Leonardo Da Vinci, que está en la Biblioteca Nacional en Madrid-, lo vas a ver detrás de un cristal con bastante grosor y sólo las dos páginas que están abiertas. Pero esa obra tiene 685 páginas y están llenas de ilustraciones fascinantes dibujadas a principios del siglo XVI. Entonces, si quieres disfrutarla, o eres el conservador de ese manuscrito o eres Bill Gates - es el único particular que tiene un manuscrito de Leonardo en el mundo, el Codex Leicester, por el cual pagó 29 millones de dólares en 1993 -, no hay otra forma. Nosotros llevamos esa experiencia al límite: hay momentos en que no sabes si estás tocando el original o estás tocando el facsímil. Intentamos que la gente pueda disfrutar de esa sensación de estar ante el original", añade.
-
Una tecnología enriquecedora
- La tecnología es una poderosa aliada para acercar el patrimonio a las nuevas generaciones. "Las herramientas interactivas aportan un valor añadido a lo que es la imagen y atraen a la juventud, porque su propio lenguaje es diferente al nuestro. Es algo mucho más cercano y además les hace interactuar, no son meros observadores", indica Zubiria. "Digitalizar el contenido no sólo puede hacerlo más atractivo, también más enriquecedor. Y con diferentes formatos multimedia, te permite contribuir, que la gente pueda llegar incluso a aportar a las propias digitalizaciones, con lo que éste se enriquece. Es una herramienta que da libertad a las personas usuarias y que vale para poder ahondar", subraya. En Mooneki también han dado un paso más en la difusión patrimonial con la colección ?Talaiak?, un proyecto de viajes ilustrados que ofrece una visión contemporánea de Euskal Herria, visibiliza el papel de la mujer en la sociedad y pone en valor aspectos culturales del pueblo vasco. "En la ilustración, que es donde nosotros trabajamos nuestro propio producto, apostamos por los motivos vascos, pero con un plus tecnológico. A través de un QR incorporamos a las ilustraciones más contenido audiovisual. La idea es ir un poco más allá de la mera ilustración estática y poder contar historias, de llegar a más gente. Si ya la propia ilustración difunde cultura, difunde patrimonio con una estética contemporánea a nivel de diseño, con la tecnología conseguimos contar más cosas, de una manera más adaptada a nuestros días", incide Nerea Durántez, otra de las socias fundadoras de Mooneki. Sin embargo, el progreso también se complica a la hora de tratar con artes más tradicionales. Para reproducir fotos con la máxima calidad, en Cartem utilizan tecnología vanguardista (máquinas que fotografían en 8K, impresión con tintas ultravioletas y cortes con láser), pero luego necesitan profesiones que hoy en día están desfasadas, como pueden ser la curtición de pieles, el cosido manual de libros o la restauración. "Tenemos ese hándicap. Todos nuestros libros se cosen a mano con un telar, como se hacía hace 500 años. Se van cosiendo cuadernillo a cuadernillo, pliego a pliego. ¿Qué ocurre? Ya no existen estas profesiones, las han sustituido las máquinas. Me llaman empresas que me dicen que pueden encuadernar no sé cuántos mil libros al mes. Nosotros no. Hacemos mil libros al año como mucho, porque es lo que da la capacidad del taller", resume Iribarnegaray. "Ya nadie cose un libro a mano, nadie sabe hacerlo. Por eso hemos apostado por formar nosotros. Estamos recuperando determinadas profesiones que están un poco olvidadas", desvela.
-
Poner en valor el sector cultural y creativo
- ¿Y cómo contribuye el BDCC a la hora de ayudar a estas ICCs a acercar el arte, la historia y la cultura a la sociedad? "Es un punto de apoyo muy grande. Cuando conocimos al BDCC ya habíamos creado la marca Emovere y realmente nos entendieron desde el principio. Nos asesoraron respecto a modelos de negocio y patentes, y nos permitieron conocer a muchas personas expertas en diversas áreas que nos han ido aportando conocimiento", valora Uxue Montero, Digital Project Manager y CEO de Emovere. "Digitalizar el contenido no sólo puede hacerlo más atractivo, también más enriquecedor. Y con diferentes formatos multimedia, te permite contribuir, que la gente pueda llegar incluso a aportar a las propias digitalizaciones, con lo que éste se enriquece. Es una herramienta que da libertad a las personas usuarias y que vale para poder ahondar", subraya. "Te dan herramientas, soporte y asesoramiento. Todo lo que necesites para fortalecerte como industria creativa. Hacen que los proyectos que difunden patrimonio tiren hacia adelante. En nuestro caso, también nos han cambiado el enfoque en algunas áreas del negocio y ayuda en la gestión", opina Durántez. "Hacen una labor fundamental, porque ponen en valor lo que hacemos las empresas culturales, que muchas veces no nos damos cuenta de que estamos preservando un patrimonio que podía estar destinado a perderse o a olvidarse. La virtud que tiene el BDCC es haberse fijado en un nicho que aporta valor, conocimiento y cultura. Pero que, en el fondo, aporta una mejor vida para la sociedad", concluye Iribarnegaray.