Departamento de Salud / Igualdad, Justicia y Políticas Sociales

El precio de la mala salud y su relación con las desigualdades sociales

Fecha de publicación: 

Equipo de Coordinación Sociosanitaria

Persona realizando trabajo de soldadura

Persona realizando trabajo de soldadura

El Centro para el Estudio de la Innovación Financiera (Centre for the Study of Financial Innovation, CSFI), en asociación con el Centro Internacional de la Longevidad (International Longevity Centre UK, ILC) y la Escuela de Negocios de la Universidad de la ciudad de Londres (Business School, City University of London) publica un novedoso estudio que aborda, con un enfoque experimental, las causas de las desigualdades sociales y su relación con la economía y el disfrute de la salud y la riqueza.

En Reino Unido, pese a que la brecha social generada por las desigualdades constituye una prioridad para la agenda política, asiste al crecimiento de estas que se manifiestan de forma diversa: en el nivel educativo, el estado de salud, la riqueza y, especialmente en los últimos tiempos, en el nivel de ingresos. Además, las desigualdades sociales en salud se manifiestan en vidas laborales más cortas, costes de atención médica más elevados, pagos por servicios de asistencia social más altos y pobreza de ingresos.

En este sentido y respecto a la vida laboral, el estudio destaca la inexistencia de conocimiento suficiente sobre los efectos que en esta ocasionan, por ejemplo, las mejoras en la salud de las personas, o sobre la eficacia de enfocar el gasto al tratamiento de los enfermos frente a las políticas diseñadas para mantener y mejorar su estado de salud. Es decir, según este estudio se evidencia la necesidad de determinar el precio de la mala salud y determinar los impactos financieros de esta.

Considerando el valor que en las últimas décadas suponen las ganancias en esperanza de vida de la población en general, el estudio subraya también los costes que se derivan del envejecimiento de la población: aumento de la presión sobre la atención sanitaria y social, sobre los pagos (y copagos) de los servicios sociales y respecto a las pensiones y, en definitiva, sobre la carga impositiva a la que han de dar respuesta las/los ciudadanas/os. 

El estudio pone de manifiesto que la proporción de vida que se pasa en buena salud se correlaciona negativamente con la esperanza de vida y en forma de “un efecto económicamente devastador”, que supone grandes variaciones para la esperanza de vida de las personas -una brecha estimada de 12 años de diferencia en función del percentil de privación en el que se sitúe la persona, esto es: el 1% superior de la población que vive en los distritos menos desfavorecidos frente al 1% inferior que vive en los más desfavorecidos-.

Así, se confirma la inexistencia de una medida que vincule la salud, por un lado, con la desventaja económica, por el otro. Y esto implica que no se pueda determinar la carga fiscal necesaria para contribuir al pago de los servicios de salud y bienestar.

Con este punto de partida el autor, Les Mayhew, analiza las causas fundamentales de las desigualdades mediante el empleo de conceptos demográficos básicos como la salud, la esperanza de vida y su relación con variables económicas básicas como la actividad económica, el PIB, el gasto público o los impuestos. En este sentido propone la cuantificación del vínculo entre la buena salud, la duración de la vida de una persona y el rendimiento económico de un modo sencillo. Y establece el valor económico del aumento de la esperanza de vida saludable en relación con la vida laboral y la propia esperanza de vida. Es decir, la cuantificación permite, a su vez, determinar el valor económico de las mejoras en salud y tratar de explorar aspectos como la ganancia de años de vida sin ganancia en salud o el peso de la productividad en una sociedad que envejece, entre otras cuestiones.

Resultados

Los resultados obtenidos se concretan, por una parte, en una métrica útil en la evaluación de la eficacia de las diferentes actuaciones políticas en materia de desigualdad y, por otra, la importancia de la distinción conceptual entre tres tipos de esperanza de vida: general, saludable y laboral.

  • Métrica

Lo novedoso de la metodología aplicada en el estudio es la forma con la que se mide la escala de la desigualdad, que se fundamenta en una situación hipotética en la que cada área local es responsable de financiar sus propios servicios públicos y en la que la base imponible son los ingresos de las personas.

Es decir, se analiza una situación hipotética en la que se aplica un impuesto local para cubrir los costes de la atención médica, los servicios sociales para las personas enfermas que no pueden trabajar y las pensiones estatales. Las zonas con buena salud y con altos niveles de actividad económica requerirían tasas impositivas más bajas para apoyar a los enfermos y ancianos; lo contrario sería cierto para áreas de mala salud, menor actividad económica y una población que envejece.

Así, las diferencias en las tasas impositivas hipotéticas entre distritos proporcionan una medida resumida de la desigualdad de modo que, aplicando medidas de ingresos promedio y pensiones estatales y pagos de beneficios, se puede calcular una tasa impositiva imputada para cada distrito, como si los pagos se asumiesen a partir de ingresos locales. En este caso, las tasas impositivas oscilarían entre el 21 % y el 33 %, con las tasas más altas en los distritos que menos podrían asumir su coste. 

  • Concepción de la esperanza de vida

En opinión de su autor, Les Mayhew, las tres esperanzas de vida no progresan al unísono y de forma coordinada. En base al análisis de 150 distritos en Inglaterra, el estudio muestra como estas tres esperanzas de vida se ven muy afectadas por el nivel relativo de privación. Para quienes residen en las áreas más desfavorecidas, esto se traduce en una vida laboral más corta, una salida más temprana del mercado laboral, un mayor gasto en salud y bienestar y, muy a menudo, también en dificultades económicas. Las áreas con buena salud se benefician, por ejemplo, de un mayor capital social (con fines de voluntariado o cuidado de familiares), además de ofrecer a sus habitantes la flexibilidad de tener una vida laboral más larga.

El estudio muestra como una extensión de un año en la esperanza de vida saludable añadiría aproximadamente 3,4 meses a la vida laboral de una persona y 4,5 meses a la esperanza de su vida general, lo que podría reducir los impuestos sobre la renta en un 0,6%.

En consecuencia, el autor defiende que las políticas, para ser eficientes, debieran de centrarse en aumentar la esperanza de vida saludable más que en extender la duración total de la vida ya que la segunda implica aumentar más los costes en salud y en la atención al final de la vida sin posibilidad de extender la vida laboral.

En consecuencia, el estudio propone un hipotético impuesto local como forma de reflejar el grado de privación local y predecir el impacto que podrían tener las intervenciones impulsadas por las políticas gubernamentales. De hecho, se interpela a las/los formuladoras/es de políticas con responsabilidad en la toma de decisiones sobre la salud y el bienestar, dado que en su promoción han de valorar dar impulso a una mayor esperanza de vida al tiempo que se trabaja en aumentar la productividad y los niveles de actividad económica como parte de la agenda de "nivelación" y reducción de las desigualdades sociales.

Si desea consultar el estudio al completo, puede acceder a “El coste de la desigualdad. Poniendo precio a la salud” (The Cost of Inequality - putting a price on health, CSFI, 2021)