Luis Olaso: «Nire koadroak ikusten dituztenek beraietan beren istorio propioak aurkitzea gustatzen zait»

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    Luis Olaso, ante una de las obras que muestra durante este verano en San Sebastián. / MICHELENA

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El pintor y muralista vizcaíno Luis Olaso, con obra en varias localidades de Gipuzkoa, muestra su trabajo más reciente y personal en la galería Kur de San Sebastián hasta el 7 de septiembre

Luis Olaso (Bilbao, 1986) utilizó el espray antes que el pincel, pisó el andamio antes que el suelo de las galerías de arte y cubrió muchas paredes con espectaculares murales de encargo antes de dar rienda suelta a su necesidad de crear y emprender su propio camino artístico. Una muestra de la producción más reciente de este artista cuya obra ya se encuentra en alguna de las colecciones más prestigiosas del mundo, reunida en la exposición 'Orgánico', puede verse hasta el 7 de septiembre en la galería donostiarra

–El trampantojo de la plaza San Miguel de Irun, los hayedos del ascensor de Makatzena en Arrasate... En los últimos meses ha dejado su firma en varias localidades guipuzcoanas, y también lo ha hecho en Bizkaia, en Madrid, en Galicia... ¿El muralismo forma parte de su proyecto artístico, o es su medio de vida?

–Durante años ha sido mi profesión. Siempre me ha gustado dibujar y de adolescente estuve bastante tiempo haciendo grafiti, no solo en la calle sino patrocinado por marcas de espray, así que a los 18 años, con un socio, puse en marcha una pequeña empresa con vocación de profesionalizar esa actividad.

–Pero no se quedó ahí.

–Cada vez era más consciente de que en los trabajos de encargo la creatividad es muy limitada y, me empecé a sentir encorsetado. Por otra parte, me di cuenta de que necesitaba una serie de conocimientos que no tenía, y en 2011, viviendo ya de mi trabajo como muralista, empecé a estudiar Bellas Artes. Solo me falta un paso para terminar la carrera, pero he ido con mucha tranquilidad.

–Y emprendió un camino artístico más personal.

–Empecé con mi obra personal hace siete años a raíz de una serie de circunstancias, sin más intención que buscar una vía de escape. Los murales son algo muy rígido, y mi forma de ser no lo es para nada... Poco a poco, la faceta personal fue adquiriendo más importancia, y lo que surgió como una válvula de escape, como una catarsis personal, ha ido evolucionando hasta el punto de que en la actualidad es mi principal ocupación. De momento sigo con los murales porque me permiten tener estabilidad, pero mi energía está más orientada a mi obra personal. Es lo que me ilusiona, donde siento que soy yo.

–No hay ningún parecido entre sus murales y sus pinturas. Los primeros, planificados al detalle, son extremadamente realistas; en los segundos apenas hay atisbo de figuración.

–Hay artistas que tienen líneas de trabajo más o menos parecidas, y lo que hacen en el estudio lo pueden exportar a un gran formato o a un muro, pero en mi caso son vías tan distintas que ni las mezclo. Solo coinciden en que se aplica pintura. Por lo demás, no tienen nada que ver. De hecho, en el mundo del arte contemporáneo hay mucha gente que no sabe que me dedico a los murales.

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