Baraibar eta Elorza, berriro Araban zehar paseatzen, Sancho el Sabiotik

  • Baraibar eta Elorza, berriro Araban zehar paseatzen, Sancho el Sabiotik
    Ander Gondra, Isabel Mellén, Carlos Ortiz de Urbina, Jesús Zubiaga y Gorka López de Munain, ayer en Betoño.

  • DataMaiatzak 30
  • Gaia Ikusizko arteak, Ondarea, Bestelakoak

Una exposición, un libro y un ciclo de conferencias reviven su trabajo fotográfico sobre el románico alavés

Se conocieron en la Escuela de Artes y Oficios cuando Federico Baraibar era secretario de la entidad y Lorenzo Elorza un alumno aventajado que ganaba los certámenes de fotografía que organizaba el centro, galardones que recibía de manos de quien fue el primer alcalde de Gasteiz en el siglo XX. Ahí comenzó una relación, como recuerda el historiador Carlos Ortiz de Urbina, que llevó a ambos a compartir, durante más o menos un lustro, excursiones por distintos puntos del territorio alavés que sirvieron para configurar un archivo fotográfico único y especial que ahora vuelve a ver la luz en toda su plenitud.

Lo hace en diferentes formatos. Para empezar en la exposición El románico revelado, que hoy mismo se inaugura a las 19.30 horas con una visita guiada especial en la sede de la Fundación Sancho el Sabio en Betoño, donde permanecerá abierta hasta el 1 de septiembre. También en el libro Descubriendo el románico alavés (Sans Soleil Ediciones), que esta tarde ya estará a la venta en la apertura de la muestra y en breve llegará a las librerías. Y, complementando todo lo anterior, en el ciclo de conferencias que se realizará en Dendaraba entre finales de junio y principios de julio.

Todo este amplio proyecto impulsado por Javier Soto, presidente de la Sociedad Cultural Landázuri, y en el que se han involucrado el ya mencionado Ortiz de Urbina, Sancho el Sabio, la Fundación Vital y Álava Medieval (a través de Gorka López de Munain, Ander Gondra e Isabel Mellén), tiene como punto de partida las 167 fotografías que Baraibar y Elorza tomaron en esas excursiones, un fondo que el escritor y político depositó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1912 con la esperanza de que eso le supusiese ser admitido como académico.

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