Zirika: "Artista lokalak ez dira babesten eta kultura sare propioa ia ez da ikusten: aukera gutxi dago"
- DataUrtarrilak 14
- Gaia Ikusizko arteak
No ha vuelto a la pintura, aunque no lo descarta, más allá de que su puerta fue la que Zirika cruzó hace cuatro décadas para iniciar su trayectoria creativa, un camino que hoy sigue recorriendo pegado a la naturaleza, al trabajo con las cicatrices y al uso del euskera
Lugares como ¶espazioa, Montehermoso y Ataria han sido los últimos en los que Miguel Alfredo Hernández Busto se ha encontrado con el público a través de sus obras. Pero mientras sigue creando, Zirika -el nombre que adoptó en los años 80 para firmar su habitual colaboración en forma de dibujo en Egin- abre un paréntesis para hablar de lo que tanto le ocupa, la cultura.
En realidad, aunque desde hace tiempo no haya vuelto a ella, empezó con la pintura.
-Creo que empecé a pintar con 14 años o algo así. Recuerdo que le pedí dinero a mi madre. Era bueno con las manualidades en el colegio, vi pintar a alguna gente y me llamó la atención. De una manera autodidacta, quise probar y lo primero que hice fue un cuadro de suletinos muy malo (risas). Hace más de 40 años de eso. Empecé a comprar libros y a practicar, pero no tenía base. Así que comencé a formarme con Juanjo San Pedro en su casa y le seguí cuando pasó a la Escuela de Artes y Oficios, donde también estuve cinco años con Rafa Lafuente haciendo modelo vivo. Pero cuando terminó aquella fase, noté que la pintura, por sí sola, no me satisfacía. Me dio por experimentar con telas. Las ataba a los marcos. Aquello me abrió un mundo, me dio la oportunidad de ver otros caminos. Ahí hice mi primera exposición, en la que usaba elementos del entorno rústico, desde una argizaiola hasta unas layas. Cogía cuerdas y ataba esos elementos a los marcos para, de una manera simbólica, atarlos al presente, para que no se perdieran. Ese fue otro paso más, otro de los que he dado en estos años dentro de la evolución que he tenido.
¿Pero hace cuanto que no pinta?
Mucho tiempo. De hecho, ahora tengo un lápiz en las manos y me da la sensación de que se me ha olvidado dibujar.
Mencionaba a Lafuente y San Pedro, nombres que han enseñado a no poca gente aquí, aunque parece que tanto su faceta de artistas como la de profesores queda en el olvido colectivo.
Eso es una auténtica pena. Rafa era una persona muy especial. Era duro en clase. Hablaba poco pero aprendías muchísimo con él.
En un momento dado, en esa evolución que mencionaba, empezó a introducir elementos escultóricos, a usar la fotografía, a crear instalaciones...
Creo que ha sido un proceso muy natural, enlazado. Empecé con la escultura porque quería realizar en tres dimensiones lo que en los cuadros sólo podía hacer en dos. En ese tránsito ha habido cuestiones fundamentales como el uso de la soga, que ha sido un elemento básico en mi trayectoria. También las cicatrices, que es una temática recurrente a la que sigo volviendo. Así que comencé, con una cuerda de 25 metros y dos centímetros de grosor, a salir por el monte a hacer lo que denominaba Diálogos con la Naturaleza. Primero hice pequeñas instalaciones, hasta que observé que si dejaba la cuerda en el lugar, sucedían cosas. De hecho, ha habido instalaciones que han durado años. Es verdad que uso la fotografía, que me gusta mucho, pero no soy fotógrafo, sólo la utilizo para dejar registro de la obra.


