Gorka Hermosa: "Akordeoiarekin ordura arte egindakoaren kontrakoa egin behar zen"
- DataAbuztuak 25
- Gaia Musika
Una revista internacional ha señalado a este guipuzcoano como uno de los diez acordeonistas más queridos del mundo
Es un virtuoso del acordeón que compone, toca e imparte formación en el Conservatorio de Santander. Reconoce que a los ocho años no estaba muy contento en sus clases de solfeo, pero la insistencia familiar le obligó a tener una relación íntima con la música. Escogió el acordeón porque lo tocaba un amigo, pero realmente él se extasiaba cuando veía una película en la que Harpo Marx tocaba el arpa, el instrumento que se convirtió en su objeto de deseo: "Pero en Urretxu arpas no había, así que me olvidé y me quedé con el acordeón", señala ahora riendo.
El acordeón no es un instrumento musical que se escoja con frecuencia cuando se empieza a estudiar música...
Depende de dónde vivas. Yo crecí en Euskadi y en los años 80, tiempos de transición, había un gran auge de todas las músicas. En mi zona el acordeón era un instrumento muy popular. Podemos recordar que en los años 70 Enrique Celaya vendió miles y miles de discos. En los montes donde crecí, el acordeón estaba muy dentro de nuestra alma, por no hablar de la trikitixa.
¿Enamorado desde niño del instrumento?
No, no lo creas, lo mío no fue muy vocacional. Empecé a estudiar solfeo a los ocho años y no me gustaba la música, pero me obligaban a ir a clase. Hasta los doce años no elegí instrumento, y escogí el acordeón porque lo tocaba un amigo mío, así que como puedes ver, el acordeón no era nada raro en el micromundo en el que yo vivía entonces y por eso llegué a él.
Siempre hemos relacionado más a este instrumento con música de fiesta que con una orquesta.
Desde que empecé tenía claro que había que hacer con el acordeón todo lo contrario a lo que hasta entonces se había hecho. Si quería hacer carrera en la música, la única manera era buscando otros caminos diferentes. Tuve mucha suerte porque desde chavalín tuve muy buenos profesores. Con la caída del Muro de Berlín, mi profesor trajo a un catedrático de Moscú, lo llevó a Hondarribia a dar clases, me dio un montón de clases gratis y me hizo tener unos sentimientos diferentes por el acordeón. Tuve una suerte inmensa, porque ese hombre fue uno de los primeros en introducir el instrumento en la música contemporánea.


