Departamento de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda

Ecosistemas y Hábitats

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Alisedas y fresnedas -  Directiva Hábitats

Planificación y Gestión

Planificación y Gestión

Directrices de Gestión

La transformación o pérdida de este tipo de hábitat debe considerarse prohibida. Es más, las medidas de gestión deben encaminarse, en la medida de lo posible, a la restauración y ampliación de la superficie de este hábitat, tanto a nivel longitudinal como transversal al cauce fluvial. Esta restauración del ámbito ripario deberá potenciarse en primera instancia en el Dominio Público Hidráulico, sobre todo en aquellos cauces que atraviesan montes de titularidad pública y Lugares de la Red Natura 2000. Y, en segundo lugar, en aquellos ámbitos riparios de propiedad particular, donde deberán potenciarse acuerdos económicos (establecimiento del lucro cesante con criterios zonales según el potencial agrícola, medidas agroambientales, estrategias de custodia del territorio, etc.) que permitan ganar terreno de actuación y restaurar estos bosques.

Este hábitat está estrechamente ligado a otros: saucedas, herbazales, comunidades acuáticas, etc. En este sentido debe considerarse el conjunto del ecosistema fluvial desde un punto de vista funcional y no de manera puntual, asegurándose una dinámica natural entre las distintas comunidades y priorizándose unas u otras en función del estado del conjunto del río (riesgos, fragmentación, anchura del cauce, propiedades, etc.).

En principio, la gestión silvícola de este hábitat debería limitarse a dejar actuar la dinámica natural del mismo, ya que su fragilidad muy elevada y no existen problemas para su regeneración, mientras que su valor económico es escaso.

En caso de querer favorecer el aliso frente a sauces u otros arbustos, puede plantearse una multiplicación vegetativa de aquél, siempre que se realice a partir de individuos de la misma o cercana localidad. En estas plantaciones no deben realizarse trabajos de remoción del suelo.

Otra posible intervención directa puede derivarse de la retirada de árboles muertos o con riesgo de caerse, siempre que éstos supongan una amenaza aguas abajo (taponamiento de puentes, etc.). En el caso de que no entrañe riesgos o estos sean asumibles, resulta sumamente interesante en este hábitat el mantenimiento de árboles añosos, de gran interés ecológico y muy escasos, así como la posible madera muerta existente, tanto en pie como en el suelo o en el interior del cauce, donde  aumenta los recursos tróficos y los hábitats y refugios disponibles para la fauna piscícola.

En aquellos lugares del cauce donde se observe una invasión masiva de especies de flora alóctona, habrá que tomar medidas para su erradicación. En el caso de Reynoutria japonica, y dada su extensión, la erradicación es muy difícil y costosa, por lo que habrá que establecer prioridades y hacer una preselección de lugares donde actuar (por ejemplo, en los LIC fluviales) con actuaciones como: pastoreo, arranque de plantas, herbicidas de aplicación local, etc. En cualquier caso, el mantenimiento del dosel arbóreo en estos lugares es un primer paso fundamental.

En el caso de que el hábitat se encuentre reducido a una línea de árboles entre el río y los cultivos o incluso a algún aliso aislado, no debe desestimarse la importancia de este hábitat, fomentando la puesta en valor de cada árbol individualmente tanto por su importancia ecológica como económica y paisajística. La gestión irá encaminada al aumento progresivo de individuos o de superficie del hábitat que, probablemente, deberá pasar por una formación previa o sensibilización de los propietarios del terreno.

Protección del suelo y del agua

Para el correcto mantenimiento de este hábitat es necesario preservar la dinámica del río, por lo que deben estudiarse detenidamente las modificaciones artificiales de ésta: presas, azudes, etc.

La utilización de productos químicos (abonos, pesticidas, etc.) deberá restringirse al máximo en este hábitat o en sus cercanías debido a la alta probabilidad de su infiltración hasta los cursos de agua.

El carácter hidromórfico de los suelos sobre los que se asienta este tipo de hábitat lo hace especialmente sensible a su apisonamiento y desecación. Por ello, debe prohibirse el empleo de maquinaria. Por los mismos motivos debe limitarse en lo posible la realización de pistas y el tránsito de vehículos, los cruces transversales al cauce y los drenajes.

Se deben proteger con especial atención los lugares donde existan fuentes y surgencias.

Biodiversidad específica

En aquellas situaciones en las que la aliseda se encuentre bien conservada se considera conveniente favorecer la presencia de otras especies forestales como fresnos, robles, etc. Se prestará especial atención a la conservación de los olmos (especie casi desaparecida por ataques fúngicos). Este proceder es así mismo muy apropiado en el caso de los cursos altos de los ríos, donde debe mantenerse en cualquier caso el cortejo aluvial espontáneo de este hábitat.

Al igual que ocurre con las plantas invasoras, es muy importante tener en cuenta en este tipo de hábitat la gestión de la fauna alóctona, especialmente en el caso del demán del Pirineo, el visón americano o la nutria, y la concienciación de la población de pescadores y del público en general sobre los riesgos que entraña la suelta de animales alóctonos en los ríos.

Vulnerabilidad Intrínseca

A la hora de gestionar este hábitat hay que tener en cuenta la alta vulnerabilidad del mismo, relacionada con su estrecha conexión con el sistema hídrico del cauce al que acompaña: variaciones de nivel, inundaciones, sequías estivales, etc. También son destacables las amenazas relacionadas con la proliferación de algunas especies alóctonas invasoras y la proyección de sombra de este hábitat sobre las huertas y prados adyacentes, que conlleva su corta por parte de los propietarios.

 Prácticamente la totalidad de las alisedas que se conservan se hallan en el dominio público hidráulico o en su zona de servidumbre, en cambio,  únicamente el 17% de este hábitat se incluye en MUP.

Estados a fomentar

Estado principal

Estrato arbóreo dominado bien por el aliso (Alnus glutinosa), bien por el fresno de hoja ancha (Fraxinus excelsior). En ambos casos, casi nunca falta el avellano (Corylus avellana) o el sauce (Salíx atrocinerea) y generalmente tampoco algún árbol del género Quercus, que dependiendo tanto de la localización geográfica como de los bosques cercanos puede ser: Q. robur, Q. faginea, algún híbrido entre ellos, Q. pyrenaica e incluso Q. ilex.

Generalmente son bosques sombríos, con un estrato arbóreo de 35-40 m de altura, y un sotobosque muy diverso y enmarañado. Son muy características las especies trepadoras: Hedera helix, Clematis vitalba y Tamus communis. El estrato herbáceo, al igual que en el resto de bosques mesótrofos, es rico en especies y con una contribución en biomasa importante dada la disponibilidad de agua y nutrientes. Árboles generalmente de gran altura (35-40 m) Presencia notable de madera muerta, con tamaños y estados de descomposición variados, tanto en pie como en el cauce. Generalmente se trata de bosques en galería a lo largo de las orillas de los ríos, con una asimetría  trasversal que permite que el lado de la corriente del río sea más luminoso que el lado opuesto cerrado por el bosque adyacente, cuando éste existe.

Otros estados

Cuando junto a los ríos existen depresiones o planicies que se inundan permanentemente, las alisedas pueden ocupar mayor extensión y formar bosques encharcados, aunque apenas se conservan en la CAPV. Éstos no deben ser confundidos con los bosques turbosos [91D0], de composición florística muy diferente y que aquí sólo se dan en Izki.